Música

Roberto

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El efecto prolongado que show de The Cure tuvo en mí me decidió a escuchar todos sus discos a fondo, cronológicamente, en un ejercicio de reconocimiento y análisis de cada uno de los sonidos, de las etapas del universo Cure. Escuché también colaboraciones, otras bandas relacionadas, lados b, shows en vivo de otras épocas con otras formaciones de la banda.

 

En el cumplimiento de mi plan, le llegó el turno a Kiss Me Kiss Me Kiss Me. Pasó entero una vez y, más allá de los temas que todos conocemos desde siempre (desde la infancia en mi caso), me llamó la atención una línea de bajo en particular. Puse de nuevo esa canción, listo, era mi nueva favorita. Quise escuchara otra vez, ahora prestándole atención a la letra, un poco. No me di cuenta de entrada, y menos por el título, pero cuando llegamos a eso de que “Three of them were dressed in rags/And thinner than air/And all six eyes stared fixedly on you”… ¡Baudelaire! No puede ser… seguí escuchando: “Until you Spoke and showed me understanding is a dream/I hate these people staring/Make them go away from here”.

 

“Los ojos de los pobres”, mi Baudelaire favorito hecho canción. Recordé el curso sobre Modernidad y Posmodernidad donde lo leímos, la lectura política del poema en prosa. Acá destacaba lo otro “And this is why I hate you/And how I understand/That no one ever knows or loves another”. Un movimiento posmoderno de apropiación, cita, intertexto. Un poema bohemio hecho canción pop, escondido en un disco doble, sin jactancias intelectuales, puesto casi al pasar.

 

Esa tarde fui tan feliz que escribí esto en mi cabeza, aunque el día para bajarlo a un texto concreto fuera hoy. How Beautiful You Are me había devuelto a ese yo que arrancó una carrera eterna para transformarse en lo que soy.

 

Feliz cumpleaños Roberto, y gracias.

 

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Ficción, Música

Mate con DM

Algo así mi sueño, con todas sus incoherencias y arbitrariedades, caprichos de mi inconciente.

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Estábamos de viaje, no era un micro ni un avión, tal vez el interior de un barco o tren. Hay mucha gente, sentada o de pie, charlando.

Me siento en algo muy parecido a un sillón sin respaldar y saco de mi mochila termo, mate, bombilla y yerba. A mi lado, Martin Gore me mira expectante. Los mates van pasando de mano en mano hasta que se lava. Entonces, me dirijo a Martin:

-          Do you need something?

Él, con esa sonrisa maravillosa que posee en mis sueños y en vigilia, mira traspasando mi pregunta a un joven Alan Wilder que contesta:

-          “Morfi

Mientras lo dice, acerca su mano a su boca, con todos los dedos juntos, las puntas de estos apuntando a sus labios, y un movimiento de ir y venir desde la muñeca, nuestro típico y lunfardo gesto de “mangiare”.

Me levanto y voy a mi cocina, rearmo el mate, salgo. Tomo mi mochila para buscar algo de comida.

Aparezco en una mesa junto a dos compañeros de trabajo, uno de ellos de la vida real, el otro inventado por mi mente para la ocasión.

Preparo en un plato lo que encuentro: arrocitas sabor queso, algunas galletitas rellenas tipo melba y un par de rodajas de budín hecho por mi madre.

Mis amigos empiezan a comer, yo les advierto sin mucha pasión:

-          Chicos, aflojen que esto se lo tengo que llevar a los Depeche (léase en español, con la “e” final).

Vuelvo al encuentro de Martin, que ya no está con el joven Wilder sino con un actual Dave Gahan. Les digo:

-          This is what I found, not too much indeed. Some cheese-flavoured cookies, some sweet cookies and this was made by my mom, señalo el budín.

La cara de decepción de Martin es notable, pero toma una rodaja de budín y la prueba. Con un gesto de conformidad, le pasa el resto de su rodaja a Gahan:

-          Dave, you need to try this.

Veo a Gahan sentado en el piso, usando la silla como respaldar, toma el trozo de budín y lo come. Le gusta, lo sé porque abre los ojos, levanta las cejas y mueve su cabeza arriba y abajo, gesticulando un “si”.

Vuelvo a cebar mate, esta vez para ellos dos: Martin me dedica otra sonrisa mientras lo recibe.

Miaaaaaaaaaaaaaaaau! – Tiziano me despierta exigiendo su desayuno.

Advertencia: si usted le da play al video a continuación, la melodía del teclado podría perseguirlo por el resto de sus días.
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Ficción, Música

Enfrentar a la vida con música (como siempre lo hicimos)

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Este es un nuevo intento desesperado

por hacerte llegar mi amor

uno más entre todos los que hice.
 
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Extraño tu imagen

cada día te saludaba

ya no quiero pasar por esa esquina.
 
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Todos mis sueños te pertenecen
los gratos y los que me perturban
Siempre despierto con tu nombre en mis labios.

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Música

Frida (Life tends to come and go)

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Luego de pensarlo mucho y decidir que comprar un siamés por el hecho de tener un gato de raza no era una opción, salimos en busca de un gatito para adoptar. Dimos con Mara, una señora que había rescatado a un gatito de la basura pero no podía quedárselo.

El veterinario nos dijo que era gata, tenía un mes, pulgas y parásitos. Fue a casa dentro de una bolsa de papel, durante el trayecto se quedó dormida sentadita, apoyando la cabecita en una de las paredes de la bolsa, por primera vez en mis manos, mi primera mascota.

Como aún no tenía dientes, tomaba una mamadera que le preparábamos con una mezcla de leche, crema, huevo y balanceado triturado. Mientras se calentaba, la entreteníamos y solía quedarse dormida, de tan bebé que era. Hasta que estaba lista su comida y se atragantaba bebiendo con un sonidito que jamás volvió a hacer de grande.

Teníamos una lista de posibles nombres, pero cuando ella llegó a casa ninguno le sentaba. Papá dijo: “tiene cara de Frida” y fue perfecto.

Frida, Fridi, Fruda, Fifi, Fifí, Fridita. Gata, gorda, loca, preciosa… ella respondía a cualquiera de estos vocablos. Sabía muy bien cuando se hablaba de ella, cuando hacía algo mal y se escondía o cuando había una posible “cosa rica” esperándola: no podíamos abrir una lata de arvejas sin que pensara que era para ella y nos siguiera maullando. El ruido a papel podía significar algo rico que le pudiéramos convidar o una pelota para jugar, ella siempre estaba atenta.

Nunca más una cucaracha sobrevivió más de unos minutos si osaba entrar en casa, desde que nuestra celosa guardiana creció lo suficiente como para cazarlas sin piedad. Las polillas mariposa no corrían mejor suerte, llegué a encontrarme algunas en mi cama, a modo de regalitos.

Cuando tenía alrededor de cinco meses tuvimos un accidente, la pisé y terminó en la veterinaria de urgencia. No fue más que un susto, pero jamás hasta entonces había sentido tanta culpa y tanta responsabilidad por un ser viviente. Esa noche me cambió, aún no sé que hubiera sido de mí salud mental si las cosas hubieran sido diferentes. Casi igual culpa sentí cuando la castramos y la vi indefensa por la anestesia. Un día cayó desde mi ventana por perseguir a una paloma, otro susto, apenas una patita fisurada que ni le vendamos (no se hubiera dejado).

Antes de que pudiéramos enrejar el balcón, me despertaba cada vez que se ella se subía a la baranda. No importa que tan dormida estuviera, el sonido de sus garritas en el metal me volvían a la vigilia de un salto. “Fridita, vení Fridi, bajate de ahí, vení por favor…” entonces ella bajaba y yo la perseguía haciendo ruido con un diario, tratando de disuadirla que volviera a intentarlo.

Un día quise ponerle un suetercito, casi se arranca la cabeza. No podíamos ponerle ni un collar, ni darle una pastilla y teníamos batallas memorables cada vez que había que salir de casa a la veterinaria. Vivíamos arañados, sobre todo yo. Jamás fue rencorosa o vengativa y siempre respondía a nuestros llamados. Le tenía miedo a mamá cuando la veía realmente enojada. Era muy divertido verla escondida con la cola baja esperado que todo se calme.

Tenía la boquita rosa, al igual que tres de sus almohaditas, y unos pelitos blancos en la nariz que a simple vista parecían un manchita de leche. Casi nunca maullaba, sólo cuando quería algo. Hacía, en cambio, muchos otros sonidos: el ronroneo, el gruñido gutural de enojo, el “rrrr” de alerta, un sonido agudo abriendo y cerrando rápidamente la boca cuando veía a las palomas.

Siempre fue juguetona, no sólo de chiquita, las pelotas, los reflejos hechos con un espejo, las cintas y las botellas vacías le generaban pasión. A veces jugábamos juntas, ella me corría y me manoteaba los pies. Luego me esperaba en esa posición graciosa que hacen los gatos, de costado con las patitas juntas y estiradas, la cola y las orejitas en alto.

Ella era mi alter ego, la primera foto que usé en cada red social, en cada nuevo celular o fondo de pantalla, a ella refieren mis contraseñas. A veces mis padres decían “Gigí” para llamarla a ella o “Fifí” para llamarme a mí, a veces se les escapaba un “hija”. Le dediqué muchas cosas, entre ellas, un cuento.

Una mañana desperté con ella en mi pecho, se incorporó, se acercó a mi cara y dijo “vos vas y venís”, luego bajó de la cama y yo desperté, esta vez al mundo real. Ella me miraba desde la alfombra, esperando a que me levante. Desde entonces, esa frase me persigue, tanto, que hasta Morrissey la dijo la primera vez que lo vi.

Cuando Frida cumplió 12 años me puse a pensar. Ella era tan fuerte que seguramente viviría bastante, pero iba a empezar a ponerse viejita, ya no jugaba como antes, tal vez empezara a perder algún dientito o a dormir aún más… pero el cáncer la mató apenas cumplidos los 13. Jamás imaginé que el final sería tan rápido, tan cruel.

Ahora me siento desamparada, porque ella estaba conmigo siempre. Todo, excepto mi familia, cambió desde que la llevamos a casa hasta hoy. Otello llegó y nos dejó, Tiziano aún es nuestro bebé. Pero desde mis 17 a mis 30 años, casi nada más está en pie. Ella estuvo en todas mis crisis, con su presencia mágica. Ella me veía llorar, permanecía a mi lado en la cama o se acercaba con su ruidito gutural hasta mi cara, como preguntando qué me pasaba. Ella aún estaba ahí cuando empecé a llorarla, conciente de su enfermedad y del poco tiempo que nos quedaba juntas.

Ahora lloro otra vez, pero sin poder consolarme en sus ojos verdes o frotando esa panza hermosa, o hablándole, porque ella siempre escuchaba. Desde bebé que le hablamos mucho, solía seguir a mamá de un lado a otro a lo largo del día. Sólo en los últimos tiempos se volvió más dócil, pero su compañía era permanente. Era una fiera amable, a la que le gustaba estar acompañada en su independencia y que me toleraba un poco más a mí porque sabía que nos pertenecíamos.

No sé como despedirla, como adaptarme a su ausencia, como lidiar con el dolor de despertarme y no verla, salir de casa y que no me despida en la puerta, llegar y que no esté para saludarla. Quisiera romper todo y empezar de nuevo, quisiera quedarme en la cama indefinidamente, con todo apagado y los sentidos desconectados. El mundo real no lo permite, entonces trato de seguir a la vida implacable que no se detiene.

Mick Karn le dedicó un capítulo de su autobiografía a su gatita. Kashmir Karn vivió 18 años junto a su dueño y su historia me hizo ver lo duro de los días por venir, con Frida en decadencia. Tomo el tema de Kashmir para homenajear a mi Frida, para velarla con música y tratar de darle sentido al dolor, algo que hacemos los humanos.

Frida

01/03/2000-14/05/2013

Riquiescat In Pace

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Ficción, Música

Días en los árboles

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Estar perdida

Perseguir la nada

Días, semanas, lustros.

Creerte el verso de dar lo mejor

Para perder siempre

Y seguir intentando

Ahogarte en tus deseos

Tropezarte cada vez que estás cerca de uno

O creés estarlo.

Pretender que nada pasa

Seguir andando, cada vez más rápido

Y correr, y correr, y correr, y correr, y correr y correr y correr, y correr, y correr y correr otra vez.

Para nada

Por un tiempo que ya sabemos

Está enfermo.

Y entre un golpe y otro

Entre el hastío y la angustia,

Suena una canción.

Me

encierro

En mi

mundo

(y)

Sueño

Sueño

Sueño

Sueño

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Ficción, Música

Está en todo lo que hacemos

Sentado en el banquillo de los acusados, piensa:

“¡Qué largo que es esto! Ya me declaré culpable, mi cara y mi nombre están en todos los medios, británicos, mundiales, ya superé su fama… ¿qué más? ¿Podrían terminar con esto de una vez, malditos cerdos?

Ya dije que los maté y cómo los maté. No valían nada. Todas minitas tontas y putitos traumados que rechazaron mis besos por la meta de ser groupies del cantante. Claro, el andrógino cantante.

Él sabía que esto iba a suceder, pero yo le servía. Lo ayudaba a cultivar o mantener su ambigüedad, luego que ella lo dejara y se fuera con Mr. ‘nunca-le-gané-a-Oasis’.

Esas miradas entre nosotros, mis primeros planos, la escena del espejo… todo fue su idea: Tenés que trabajar tu costado abúlico, tu gesto aburrido, hastiado. Tu imagen de cínico al que nadie agrada, conforma o atrae. Que parezca que nada ni nadie te importa, ni vos mismo. Es el signo de los tiempos, me decía.

Pero los ’90 se llevaron su juventud y mi pose. ¿Porqué iba a dejar de saciarme con la sangre de esos perdedores, pretenciosos, inseguros y patéticos fans carentes de personalidad?”

“A una rubia descerebrada la ahogué en el baño de mi habitación. Como estaba puesta, nuestro manager hizo que pasara como un accidente: se había ahogado mientras vomitaba, o algo así. Hubo uno que se nos metió en el bus de gira. Como no podíamos frenar y arrojarlo a la calle, fue con nosotros al hotel. No paró de hablar y bramar en todo el viaje, quería que lo tomáramos como corista. Al primer descuido, ya en el hotel, me encargué de hacerlo saltar por una ventana. Las hermanitas de pelo negro y rasgos árabes… ja! No les quedó ni un hueso entero. Ni recuerdo que dijeron los medios en ese caso. ¿O fue ese el que me delató? Nevermind.”

-Oficial: El jurado leerá la sentencia al acusado. De pie, por favor.

- Juez: Se declara a N.C culpable de homicidio múltiple…

“Listo. Ahora quiero ver la cara de mi mentor. Lo estuve ignorando hasta ahora, pero sé que está acá en la sala, medio escondido bajo una gorra ridícula de Arsenal. Ahora él me ignora. Es obvio que no quiere verme. Yo sé que calcula como afectará esto a su banda, a su carrera, a su imagen y lo que dirá Bernard.”

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Música

Retromanía

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En 1987 tenía 4 años. Mi diversión consistía en poner una y otra vez el cassette con los grandes éxitos de Johnny Rivers en mi grabador mono portátil. Poco me importaba que Maybelline, Blue Suede Shoes y Secret Agent Man fueran temas de los ’60 y que el resto de los nenes de mi edad escucharan las canciones de María Elena Walsh. Yo gastaba obstinadamente la cinta magnetofónica con cinco temas por lado y cantaba en mi inglés fonético inevitablemente desastroso.

 

Octubre de 1993, Paul McCartney visita por primera vez el país. Beatlemanía por todos lados. Termino contagiándome de ella y los Fab Four son mi vida por los siguientes 10 años. Mi banda de cabecera durante la peor época de mi vida (la adolescencia), la cual pasé confinada en el infierno (la secundaria). Ellos eran mis únicos amigos entonces. Si, a los 15 fui neo-hippie.

 

Hoy cumplo 30 años. Mi banda es de los ´80, The Smiths. Vivo con placer la moda de la vuelta a los ’90 con todo ese Brit Pop al que no tenía acceso en su momento. Y las tres bandas de las que estoy plenamente enamorada en estos días de cambio de década nacieron un par de años antes que yo. Estamos en diciembre de 2012 y Bauhaus, Japan e Indochine dominan las reproducciones de mi celular y mi Itunes.

 

Siempre fui retromaníaca. Mi generación lo es. Está por verse qué haremos con ello. Pero algo es seguro, la música está acá para salvarnos en días como el de hoy. Amén.

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