Música

Alejandrina

La biblioteca de casa es muy pequeña. Modesta en su selección, producto del azar, de regalos y de algunas gratas compras.

Cuando mis padres compraron el mueble a una familia que se mudaba de país (otra de las cosas que compraron es el velador junto al cual escribo ahora), me alegré de tener al fin una biblioteca. Es un punto referente en casa. Mirándola me refugié en momentos dolorosos cuando no había dónde ir (correr). En veranos aburridos investigué su contenido, creo haber leído lo mejor y lo peor del mundo literario por accidente.

Parada junto a ella me encuentro ahora. Es el único lugar de la casa en el que puedo ubicar mi cuerpo para evitar la interferencia a la radio que se escucha a duras penas. Será una locura, pero los dos primeros actos de L’Orfeo bien valen el sacrificio de escucharlos de pie, con fritanga radiofónica. La misma posición tuve que adoptar en la “cazuela de pie” del Colón, única ubicación que pudimos pagar, pero esta vez para escuchar y ver los 5 actos de Monteverdi.

¡Felicidad!

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