Música

Luna de miel en la mano

Era 1996, yo tenia 13 años y leía ávidamente cada suplemento Si!, cada No!, cada Rolling Stone, Mix, Wipe o Inrocks que llegaba a mis manos. Conocía de nombre a toda la escena musical. Y sentía la desgracia, la injusticia, la condena de no poder escuchar nada de todo eso de lo cual estaba al tanto por textos e imágenes mudos. La radio llenaba sus minutos con rock barrial o boys bands, lo mismo hacían mis pares. Aspen y Los Beatles eran mi lugar de resistencia a tanto flequillo viejita o pasito de baile coreografiado. (Ni hablar de los Luis Migueles,  Rickys y Enriques…)

En una típica nota del Si! sobre algún recorte de la escena musical que no recuerdo bien, se hablaba de varias bandas de los ’90 con puntos en común. Se mencionaba a Gene, seguramente a los Smiths o a Morrissey, pero estoy conjeturando. La nota venía ilustrada con una pequeña fotito en blanco y negro (como todo el diario en esos años) cuyo epígrafe anclaba alguno de sus sentidos: “Brett Anderson de Suede”. El resto de la nota permitía atribuirle algún sentido a esos significantes: Brett Anderson, cantante andrógino (¿por eso lo indefinido de la foto, lo perturbador?) de la banda Suede, ah, una banda, genial, jamás escuché nada, creo… Gene si, no me gusta.

Mapa de lo que tenía: Smiths = Girlfriend in a coma, lindo, por Aspen. Morrissey, su cantante, nada más. Si Housemartins, Gene, REM. BritPop = Oasis y los odiaba, así que junto a ellos les dí la espalda a Blur, a Pulp… ¡Ay de mí!

Pero guardé nota y foto. La releía con frecuencia, a ver si daba con algo de eso. De paso, contemplaba fijamente la imagen, me perdía un rato en los ojos raros, enfermos, dañinos y fijaba en mi mente el significado de figura andrógina. (Cuando iba a la consulta con la especialista en adolescentes, ella hablaba de buscar signos andróginos mientras me revisaba, de dosajes hormonales, de posible exceso de testosterona o falta de estrógeno, y miraba mi cuello, mis brazos, mis pechos, mi delgadez… ¿qué quería decir?).

Brett Anderson de Suede

Pasaron todos estos años hasta que mi conexión a Internet me permitió bucear en todo aquello que había deseado. Derivó en mi fanatismo smitheano y en una búsqueda frenética por completar el rompecabezas sonoro que todas las revistas leídas habían armado en mi cabeza. Casi un unir con flechas los nombres y rostros con, ahora sí, la música y el audiovisual.

Llegó el turno de Suede. Ya bailaba Beautiful Ones en el Living antes de recordar el nombre de Brett Anderson y luego mi fotito. Sé que “volví a ver” el video de Stay Togheter, de alguna forma quedaron restos en mi mente que puedo reconocer: la pantalla deformante, los colores (ese azul), los edificios (me pasó lo mismo con Interstate Love Song de STP, recién cuando vi el video puede ubicarlos en algún lugar). De So Young me queda algo menos, algunas imágenes pero no de la banda, de las otras. Animal Nitrate fue un hallazgo que nunca hubiera podido leer si no conociera tanto de Morrissey, en mi mapa cultural la referencia a Bowie salta obvia, pero sólo como fan de Moz y Marr se puede reconstruir ese gesto visual y musical.

Y un día recordé la nota, la foto, los nombres y mi perturbada atracción de entonces. Pero así como un día las letras de Virus que había escuchado toda mi infancia me revelaron de pronto sus verdaderos sentidos, entendí todo. Tal vez ahora sí pueda reconciliarme con mi conflictuada adolescencia. Cazar al dragón, y mantenerlo sedado.

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