Ficción, Música

Mate con DM

Algo así mi sueño, con todas sus incoherencias y arbitrariedades, caprichos de mi inconciente.

dm

Estábamos de viaje, no era un micro ni un avión, tal vez el interior de un barco o tren. Hay mucha gente, sentada o de pie, charlando.

Me siento en algo muy parecido a un sillón sin respaldar y saco de mi mochila termo, mate, bombilla y yerba. A mi lado, Martin Gore me mira expectante. Los mates van pasando de mano en mano hasta que se lava. Entonces, me dirijo a Martin:

–          Do you need something?

Él, con esa sonrisa maravillosa que posee en mis sueños y en vigilia, mira traspasando mi pregunta a un joven Alan Wilder que contesta:

–          “Morfi

Mientras lo dice, acerca su mano a su boca, con todos los dedos juntos, las puntas de estos apuntando a sus labios, y un movimiento de ir y venir desde la muñeca, nuestro típico y lunfardo gesto de “mangiare”.

Me levanto y voy a mi cocina, rearmo el mate, salgo. Tomo mi mochila para buscar algo de comida.

Aparezco en una mesa junto a dos compañeros de trabajo, uno de ellos de la vida real, el otro inventado por mi mente para la ocasión.

Preparo en un plato lo que encuentro: arrocitas sabor queso, algunas galletitas rellenas tipo melba y un par de rodajas de budín hecho por mi madre.

Mis amigos empiezan a comer, yo les advierto sin mucha pasión:

–          Chicos, aflojen que esto se lo tengo que llevar a los Depeche (léase en español, con la “e” final).

Vuelvo al encuentro de Martin, que ya no está con el joven Wilder sino con un actual Dave Gahan. Les digo:

–          This is what I found, not too much indeed. Some cheese-flavoured cookies, some sweet cookies and this was made by my mom, señalo el budín.

La cara de decepción de Martin es notable, pero toma una rodaja de budín y la prueba. Con un gesto de conformidad, le pasa el resto de su rodaja a Gahan:

–          Dave, you need to try this.

Veo a Gahan sentado en el piso, usando la silla como respaldar, toma el trozo de budín y lo come. Le gusta, lo sé porque abre los ojos, levanta las cejas y mueve su cabeza arriba y abajo, gesticulando un “si”.

Vuelvo a cebar mate, esta vez para ellos dos: Martin me dedica otra sonrisa mientras lo recibe.

Miaaaaaaaaaaaaaaaau! – Tiziano me despierta exigiendo su desayuno.

Advertencia: si usted le da play al video a continuación, la melodía del teclado podría perseguirlo por el resto de sus días.
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