Ficción, Música

Nightlife

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El trabajo en el estudio venía a un ritmo aceptable. Pasamos toda la tarde puliendo una canción que cualquier crítico de revista calificaría como dreampop. Es suave y melancólica. Juega con la suspensión del espacio-tiempo durante sus cinco minutos de existencia sonora. A esta altura sé muy bien que los vicios adquiridos durante mis años de editor no me abandonarán jamás. Tiendo a sobre-analizar todo lo que hacemos y suelo escribir en mi cabeza las posibles reseñas de nuestra obra. Para bien o para mal, rara vez me equivoco en lo que será la línea general de comentarios y preguntas relacionadas en las cada vez más repetitivas entrevistas que nos hacen. Esa es seguro la peor parte de esto. Mis pensamientos comenzaron a salir de mi boca sin que me diera cuenta, hasta que la voz de mi compañero me despabiló:

  • ¿Qué?
  • Emmm, nada… ¿Vamos a cenar?

Durante la cena discutimos qué dirección darle al nuevo disco, siempre trabajamos en dos líneas y según la predominante, vamos a un lado u otro, pero en este caso estamos empatados y, a la vez, esas líneas van paralelas y sería extraño forzarlas en una única dirección. En esto estábamos de acuerdo. Lo que no podíamos vislumbrar era qué haríamos entonces con cada recorrido posible. En otras épocas podría haber sido una cara para cada una: la A festiva, la B, melancólica. Algo como Bowie hizo con Low. Pero eso, ¿tenía sentido en la era digital?

Decidimos salir a caminar para despejarnos. La noche no era muy fría y siempre nos gustó disfrutar de la ciudad y su vida nocturna que se respira en las calles, más allá de que uno salga o no. Las confiterías están llenas, los bares de las esquinas acumulan gente, los autos pasan como un día de semana a hora pico, pero la gente está alegre en contraposición a los matutinos zombies que se desplazan por estas mismas calles a trabajar. Luego de deambular un rato sin un rumbo preestablecido, pasamos por un bar de karaoke, nos miramos y supimos que ese sería nuestro plan. Entramos y nos ubicamos en una mesa cerca de la puerta y, aunque lejos, de frente al escenario en el que una pareja se divertía haciendo un dúo. Ella pretendía ser Dusty más en actitud que en voz y él murmuraba sus líneas tratando de leer una pantalla con la letra que pasaba demasiado rápido. Al terminar, ella saluda como una diva de los 60, él se baja rápido mirando sus propios pies.

 

Una chica toma el micrófono mientras selecciona un hit de los 80, ella tiene el pelo largo y tanto maquillaje como Boy George en esa época. También tiene una voz lírica que disimula de a ratos en los graves. La sigue una de sus amigas que arrastra a otra del brazo, haciendo que tropiece con los escalones al escenario y termine contra las sillas de atrás. La borrachera que ya tienen todas no les da más margen que para reírse. Arranca un tema sobre chicas a las que les gustan los chicos que sean chicas y así. Lo cantan las tres a los gritos.

 

Apenas bajan del escenario como pueden, se sube otro trío, parecen hermanos, dos chicas y un chico que discuten un rato sobre qué cantar. Gana un hit del primer disco de una banda de Minnesota que dos de los hermanos cantan a dúo mientras la tercera hace una coreografía simulando tocar un violín. Luego, el chico se queda en el escenario y llama a sus amigos que suben con un porrón de cerveza cada uno, salvo uno de gorrita y pañuelo que trae dos. Le da uno al amigo que los convocó desde el estrado y los siete saltan cual hooligans con el micrófono en el medio. Reconocí la base del tema pero no hubo melodía posible a cargo de esa banda de forajidos, quienes se las arreglaron para convencer al encargado del lugar que los deje hacer un tema más antes de cerrar. Mi compañero seguía toda la escena riendo a carcajadas desde la impunidad que nos daba la penumbra de nuestra mesa. Apenas empezó la pista, nos miramos y decidimos tomar un último gin tonic en la barra para no perdernos el final del show. La versión de otro clásico de los 80 fue tan desastrosa como divertida.

Al salir, caminamos tarareando nosotros también:

  • If I can’t have you…
  • I don’t want nobody, baby…
  • If I can’t have you…
  • Woo oh oh oh wooh…
  • If I can’t have you…
  • ¡Tengo una idea! ¡Volvamos al estudio!

Sé que una vez allí grabamos algo, pero no recuerdo el proceso por culpa del alcohol. A la mañana siguiente, al escuchar ese track creado bajo la energía de una salida nocturna, resolvimos nuestros dilemas de la velada anterior y supimos que ese tema nos abriría un nuevo camino en nuestra carrera.

 

 

 

 

 

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